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18 mayo 2009

Los forzosos de Almagro

En el “Periódico Boedo” del 15 de abril de 1939 tuvimos la fortuna de hallar una nota referida al XXXI aniversario de Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Nos conmovió la anécdota en sí, habla de un tiempo distinto, no juzgamos si mejor o peor, pero uno donde no faltaban dos ingredientes: voluntad y solidaridad.
Foto: Los fundadores del club San Lorenzo de Almagro.
Primera fila, de izquierda a derecha, sentados en el suelo: J. Monti, J. Nieves, J. Colazurdo, A. Riccio, A. Coli y P. Silva.
Segunda fila: A. Homero, F. Xaraux, A. Assali, P. Lorenzo Massa, J. Maidana y F. Farula.
Tercera fila: A. Riccio, F. Rosso, M. maidana, J. Herrero, A. Rappa y L. Gianella.
Cuarta fila: A. Scaramusso, J. Gorena (árbitro), M. Romeo, J. Velázquez, J. Coll, F. Monti
y J. Monti


Aparece como telón un barrio que recién comenzaba a edificar su identidad. Todos sabemos que aunque para la Municipalidad, la calle México entre Quintino Bocayuva y Treinta y tres Orientales no pertenezca a Boedo, en el corazón de los habitantes, es un rincón boedense enlazado con los colores azulgrana.

Entonces, Treinta y Tres y México en 1907. Entre baldíos y depósitos de basuras “los Forzosos de Almagro” gambeteaban la pelota, embocando los vidrios de las casas que iban haciendo el barrio. Nada sobraba entre los vecinos, más bien faltaba, pero aunque protestaban, sabía que “los forzosos” no formaban una pandilla de vándalos, sino un club de pocos chicos que no superaban los 18 años de edad, cuya única riqueza material era una mascota y el sueño del futbol.

Federico, Juan y Ángel Monti, Luis Gianella y los hermanos Coll; José Colazurdo, Fernando Rosso, Luis Manara, Pablo Silva, Juan Abondanza, los Hermanos Maidana, José Gorena, Amílcar Asali, José Savor, Francisco Sarau y otros, creyeron ver llegar el fin de sus días de jugadores de fútbol cuando en los terrenos de la familia Moreira, se construyó el oratorio San Antonio.

Sin embargo, los salesianos les regalaron una pelota, la que finalmente hubo que cambiar por una de treinta centavos para que los daños producidos en el vecindario fueran menores. Haciendo honor a su nombre ”Los forzosos” no encontraban obstáculo invencible: crecieron hasta formar dos divisiones, la 1era menor y la 1era mayor.

Pero, a tanto valor deportivo se oponía la extrema humildad de los integrantes del equipo. Carecían de un sello para enviar los desafíos a los diarios; por ello fue que el 1 de abril de 1908, en la gloriosa esquina mencionada se convocó a una reunión general de “asociados, directivos y jugadores”. Y aunque mucho se habló, los escasos 50 centavos del peculio del club no alcanzaban para los tres pesos con cincuenta de su costo.

La solidaridad que reinaba en el grupo, formaba parte de la idiosincrasia de lo que entonces era un barrio. Los mismos damnificados por los pelotazos, fueron quienes, con esfuerzo, colaboraron para la compra del sello.

Luis Gianella se pegó al checoslovaco que fabricó el sello para evitar errores que en la prueba habían superado a las palabras bien escritas.

Una vez en poder del grupo, ¿Quién podía sustraerse de imprimir aquel mágico nombre... “CLUB ATLÉTICO FORZOSOS DE ALMAGRO”? Fueron tantos los papeles sellados que Antonio Scaramusso temeroso de que las letras se gastasen, lo arrebató de las manos de sus amigos y corriendo hacia su casa lo escondió en una heladera de entonces, que no prestaba servicio debido al frío reinante.

Apareció para ese entonces el cura Lorenzo Massa y la historia es conocida. Preocupado de que cayeran bajo las ruedas del tranvía, les procuró un espacio para que se entrenaran, les construyó la cancha y aparecieron las camisetas a franjas rojas y azules; también se planteó la necesidad de cambiarle el nombre al club. ¿Para qué haber gastado esa fortuna?... Ahora tenían que tirarlo.

A Federico Monti se le ocurrió que algo del sello podía servir, y fueron las palabras “DE ALMAGRO”. En cuanto al nombre “San Lorenzo”, su razón es obvia.

El gran protagonista de esta historia fue un barrio de vecinos que sabían tenderse la mano.

Foto: Padre Lorenzo Massa

© Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá

Publicado en Julio de 1994

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rombola.dicesare@gmail.com

02 abril 2009

EL DESTINO DEL PADRE MASSA


A los 25 años, con espíritu inquieto, se estrenaba como sacerdote en el Oratorio de la calle México. La fundación de San Lorenzo marcó su vida, pero la curiosidad de su corazón lo acompañó en su largo derrotero de educador, deportista e historiador.¿Qué sabemos de Lorenzo Massa más allá de la fundación de “El Ciclón” ¿ Que era jovencito, que arrancó a “Los Forzosos” de la calle y les ofreció una cancha que les cambiaría la vida. ¿Y qué más?... ¿y después qué?... Puede ser que una vida tan rica y tan fecunda, a nivel popular, haya quedado petrificada en esa sola obra?... ¿Qué sólo se conozca en el ámbito salesiano su amor a la juventud, su agudeza de observación, su ardoroso trabajo?

El “cura Lorenzo”, se ordenó sacerdote a los 25 años. Había nacido en Morón el 11/11/1882 en el seno de una muy católica familia italiana formada por la unión de Lorenzo Massa y Margarita Scavini, que dio a la iglesia no sólo a ese hijo varón, sino también a sus hermanas Ángela y Blanca.Lorenzo Martín Bartolomé Massa decidió su destino sacerdotal a los 15 años, cuando hacía apenas tres que había ingresado al Colegio pío IX. De los tres lineamientos principales que Don Bosco impartió a su congregación, eligió rápida y eficazmente la educación de los jóvenes.

En 1905 en un informe anual, el padre Giuseppe Vespignani (arquitecto de la Basílica San Carlos, entre otras, comentaba que el clérigo Massa- en ese tiempo frisaba los 23 y aún no había realizado sus votos perpetuos- tenía buenas cualidades, pero era distraído y dado a la curiosidad. Años más tarde sabía que de Massa se podía esperar lo imposible, porque justamente ese espíritu curioso hizo de él un hombre de energía notable que alumbró docenas de obras.

Se recuerda todavía su carácter especial a la hora del trato con chicos, y en lo que se refiere a la juventud fue un visionario. Por eso lo encontramos en 1907 con sus 25 años, su metro 73 de estatura, sus ojos y cabellos castaños, enseñando en el colegio donde comenzó sus estudios y atendiendo el Oratorio San Antonio, al que tanto amor le había profesado siempre.

Con la fundación de San Lorenzo se había dado cuenta de la importancia que el deporte tenía en la educación de los chicos; y salía por la calle a atraerlos con desfiles y música. Creó así primero los “gimnastas” y luego, cuando se funda el Colegio San Francisco de Sales, los “Exploradores Argentinos de Don Bosco”, siendo director de esa casa hasta el año 1916.

Se dedicó entonces a fundar la primera escuela salesiana en Tucumán, y allí fue lleno de energía. Se encontró con la estructura de un antiguo colegio llamado “General Belgrano” y se preparó para rehacerlo. Para ello no dudó, reacondicionó edificios existentes, compró propiedades cercanas, instaló laboratorios.

Tan importante fue su obra y tanto la repercusión que en 1922, sólo por eso, nace en la ciudad de Tucumán un nuevo colegio salesiano, el “Tulio García Fernández”, cuando un industrial, para recordar la memoria de su hijo muerto, de dona un millón de pesos.

Esta casa de estudios llegó a ser una e las mejores de la congregación, y allí está Massa hasta 1929, duplicándose en la dirección de las dos escuelas.

Su destino fue inquieto. En 1930 lo encontramos como Director de la Casa Inspectorial de Córdoba. En 1933 como Director del Colegio de Salta. Mientras tanto se había ofrecido para trabajar en la Patagonia, y entre 1934-1939 dirige la Casa de Punta Arenas, en Chile, más tarde la de Patagones.

A partir de ahí su vid comienza a dar un giro insospechado. Fue llamado a Buenos Aires para que escribiese la biografía de Giuseppe Vespignani; se retiró a Bernal y trabajó durante un año para dar a luz un libro, que más que una biografía, refleja la obra de los salesianos en Argentina. Había nacido el Massa historiador.

A causa de la calidad de esta obra, se le encargó escribiera otra historia, de allí surgirá la “Historia de las Misiones Salesianas en la Pampa”. Trabajo tan fecundo que lo hace merecedor de ser elegido como miembro del Museo Histórico de la Iglesia Argentina.

Mientras, había organizado celebraciones inigualables; la del Centenario en Tucumán; la de la canonización de Don Bosco en Punta Arenas, y el Congreso Eucarístico Nacional chileno.

Pero había descubierto en la tarea de la investigación histórica su principal trabajo, y en él permaneció hasta que las cinco de la mañana del 31-10-1949, el encargado de cambiar las sábanas observó la luz encendida en su cuarto. Le llamó la atención porque el cura Lorenzo, a esa hora, siempre estaba atendiendo la iglesia. Entró a apagarla y lo halló muerto.

Se termina así la vida de quien tanto amó la juventud y del que jamás olvidó a San Lorenzo de Almagro. Vale agregar que había sido un excelente jugador de fútbol, con el inconveniente de enredarse en la sotana, porque en aquellos tiempos, no tenían los sacerdotes autorización de quitársela.

Fue fiel al club al que acompañó a todos los partidos cuando logró el campeonato en 1946. San Lorenzo le había otorgado un cané especial para asustar a los encuentros.

Los que componían su entorno cotidiano en la vida sacerdotal sabían que cuando el cuadro de su corazón perdía, cierto mal humor ensombrecía su carácter afable. Lamentablemente el último partido que él presenció o escuchó, un encuentro entre San Lorenzo y Huracán, terminó con la derrota del equipo de Boedo: el 30-10-1949,, el “Globito” ganó 1 a 0.



San Lorenzo también le fue fiel. Durante el funeral, uno de los más importantes jugadores, hizo llorar a los presentes cuando dijo que cada vez que entraran al club y miran el busto de bronce con el cual se le honrara en vida, “nos parecerá que todavía del bronce nos sonríe paternalmente”.

El “cura Lorenzo”, debe sonreír paternalmente sobre el “Nuevo Gasómetro”, que debería llevar su nombre.



© Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá.

Publicado en agosto de 1994



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